Viernes 16 de febrero

Estoy desganao... Tengo una tos del carajo. Toser siendo gato es como echar la primera papilla sin haberla probado. Se me inflama la tráquea, hay que fastidiarse. Ya tengo pronósticos de humano, todo se contagia.
Y mi humana anda muy ocupada con unas carpetas saliendo y entrando sin hacerme caso. Igual me he deprimido un poco. Al final me va a gustar que venga cada diez minutos a darme ciento doce besos.
Pero ni pensar en dejar de comer y esas pendejadas, que no me ha dado tan fuerte. Un gato sin pancita no es un gato feliz. Aunque reconozco que me empezaba a molestar un poco al subir y bajar las tapias, y trepar a los árboles, y meterme debajo de los coches... Era un chico de barrio yo, joer cómo cambian las cosas, menos mal que ya no pueden verme los colegas callejeros, aquí todo burgués y señorito con brasero y calefacción.
Parece que a mi humana se le ha pasado la melancolía. Pero no hay que bajar la guardia, que en cualquier momento se queda con la mirada fija, rebuscando en los interiores y cualquier viejo dolor le pega el puñetazo de turno. No es que se muera de pena, su problema es que quiere entender lo que duele, y por eso a veces, se queda callada, tragándose los ácidos en el sofá. Tiene un mundo ahí dentro de la leche, a ver si desaloja de una vez a todo ese personal, que al final me dejan sin sitio.

Ale, a maullar por ahí un rato, que es viernes.

Miau.

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