La cosa blanca que cae desde hace días se llama nieve. Como soy un curioso, he salido al balcón y la he pisado. Da gustito pero he salido por patas al notar que se me helaban hasta las uñas. Me tiene intrigado este fenómeno. No hay que olvidar que soy un gato catalán de clima cálido, bastante independiente, como buen felino nacido en ca... o sea en la calle. Vale, al mes ya me había aburguesado, pero el origen no se olvida nunca... (Un poquito de melancolía para que quede bien).
He leído sin querer (¡sin querer!), un wassap de felicitación que le estaba escribiendo mi humana a un tal J... ehh, a un amigo, por su cumpleaños. Creo que estudiaron juntos allá en el otro mundo, jejeje. El caso es que los gatos leemos la mente a nuestros humanos, por eso podemos contar sus historias. Tuvieron una corta historia de amor adolescente, pero bonita. Vale, queda cursi pero todas las historias a esa edad son bonitas. Yo recuerdo una gatita preciosa que solía visitar por las tardes cuando... Bueno os lo cuento otro día que me despisto.
El caso es que después de tantos años aún se siguen felicitando y estoy seguro de que sus mensajes les pone la cara tonta y la sonrisa de la mona lisa. Mi humana atesora un recuerdo de aquella amistad como algo irrepetible, cuando un 14 de febrero, su enamorado, pobre, estudiante de los de antes, con el bolsillo pelao, la invitó a dar un paseo por la plaza de moda, y con sus escasos recursos, compró una bamba de nata como regalo de San Valentín. Sé que lo recuerda con lágrimas de infinito agradecimiento, la bamba en cuestión era su pastel favorito, y aunque no lo dice, yo sé que para ella, ha sido el más preciado y valioso regalo que le han hecho en su vida. Claro que desde entonces no se ha vuelto a enamorar... (aquí emoticono de mono tapándose la boca).
Ay, el amor... Este paisaje blanco me está atontando.
Os dejo, mi humana tiene que salir y me apaga el portátil. Creo que se va a la presentación de un libro. Postureo cultureta.
Miau.
He leído sin querer (¡sin querer!), un wassap de felicitación que le estaba escribiendo mi humana a un tal J... ehh, a un amigo, por su cumpleaños. Creo que estudiaron juntos allá en el otro mundo, jejeje. El caso es que los gatos leemos la mente a nuestros humanos, por eso podemos contar sus historias. Tuvieron una corta historia de amor adolescente, pero bonita. Vale, queda cursi pero todas las historias a esa edad son bonitas. Yo recuerdo una gatita preciosa que solía visitar por las tardes cuando... Bueno os lo cuento otro día que me despisto.
El caso es que después de tantos años aún se siguen felicitando y estoy seguro de que sus mensajes les pone la cara tonta y la sonrisa de la mona lisa. Mi humana atesora un recuerdo de aquella amistad como algo irrepetible, cuando un 14 de febrero, su enamorado, pobre, estudiante de los de antes, con el bolsillo pelao, la invitó a dar un paseo por la plaza de moda, y con sus escasos recursos, compró una bamba de nata como regalo de San Valentín. Sé que lo recuerda con lágrimas de infinito agradecimiento, la bamba en cuestión era su pastel favorito, y aunque no lo dice, yo sé que para ella, ha sido el más preciado y valioso regalo que le han hecho en su vida. Claro que desde entonces no se ha vuelto a enamorar... (aquí emoticono de mono tapándose la boca).
Ay, el amor... Este paisaje blanco me está atontando.
Os dejo, mi humana tiene que salir y me apaga el portátil. Creo que se va a la presentación de un libro. Postureo cultureta.
Miau.
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