Lunes 5 de febrero ...

Soy Ringo, gato común, me acaban de mudar de casa, de ciudad, de barrio... Hay una cosa blanca que cae sin parar y hace un frío del carajo. Todo se lo perdono a mi humana, porque me deja su sitio en el sofá para calentarme en el brasero.
No es una abuelita, es una tía actual, pero ni por todas las revistas de decoración del mundo está dispuesta a renunciar al calorcito de hogar. Es una castellana del centro, yo soy catalán. Nos conocimos cuando yo era un pequeñajo de un mes y me buscaba la vida en un pueblo cerca de Barcelona. Ella acababa de llegar a la zona para vivir la aventura catalana. Después de cinco años nos acabamos de mudar a su casa abulense. No estoy mal, pero disimulo bastante, así consigo que su sentimiento de culpa me alimente a capricho jejeje.
Ella piensa que me ha condenado a una reclusión forzada. Digamos que mi vivencia allí era un poco dispersa, salía y entraba casi a mi antojo. Gozaba con la caza, trepaba a los árboles, le jodía el huerto al vecino... Lo habitual en un gato. Molaban los retos diarios, sobre todo porque no tenía que sobrevivir y buscarme el pienso. Lo peor era cuando mi humana venía a buscarme, menudo bochorno si estaba con los colegas. Aunque he de reconocer que es una humana coraje impresionante, pues no me ha salvado de peleas... Disfrutaba mucho cuando paseábamos por el monte que comenzaba al final mismo de nuestra calle... ¡Qué tiempos!
Reconozco que mi humana ha estado muy preocupada por mí, sufría un montón pensando que mi adaptación no iba a ser fácil, que iba a estar triste, que me iba a deprimir... Chorradas, ya sabéis. Estoy de fábula aquí, hombre no te digo que me fastidia bastante no poder cazar algún pájaro, pero a cambio me ha instalado un mirador donde controlo todos los movimientos del barrio.
Ahora os dejo, es la hora de cenar, voy a restregar todos mis encantos en la mejilla de mi humana y a ponerle ojitos para que me caliente ese pescado suculento que sale de una puerta blanca y alargada de la cocina.

Miau.


Comentarios